Bueno… vayamos al grano: no tenemos el original de ninguno de los manuscritos bíblicos. Es decir: no tenemos a mano el manuscrito real (conocido en ciencias bíblicas como “autógrafo”) que escribió Jeremías, Isaías, Mateo, Pedro o Pablo ni ninguno de los escritores bíblicos. Lo que si tenemos son copias antiguas de estos manuscritos originales.
Podríamos pensar en diversas razones para esto:
• Deterioro por causas naturales (el paso del tiempo, el clima, etc.)
• Desaparición por eventos humanos (guerras, destrucción y quema de ciudades por causa de los enemigos, etc.)
• Una razón importante era tradicional: la costumbre judía establecida era de enterrar los anteriores manuscritos para proteger de profanación el nombre de Dios. Cuando un manuscrito estaba viejo, lo ponían en la geniza (“escondite”), un cuarto de la sinagoga situado en el sótano o en el altillo, pero siempre escondido. Cuando la geniza se llenaba, todos los manuscritos se enterraban con gran ceremonia. Se permitía así que la naturaleza destruyera los manuscritos.
En el caso del Antiguo Testamento, tenemos cientos de manuscritos y se siguen encontrando. Estos manuscritos no contienen el AT completo sino que son de libros o porciones de libros (con la excepción de los más recientes). Así que, los críticos textuales se encargan de hacer revisión y listado de los manuscritos que tenemos a mano, para luego reconstruir de entre los textos más antiguos una Biblia Hebrea (o Antiguo Testamento) con mayor aproximación al texto original. Cuando lees tu Biblia estás leyendo un mosaico reconstruido de entre los manuscritos más antiguos que creemos que son mucho más fieles a los originales.
El tema del Nuevo Testamento es mucho más complejo. Aunque los manuscritos que tenemos son mucho más cercanos en tiempo a los originales (hay una porción del Evangelio de Marcos que se cree data del primer siglo, lo que lo hace distar solo unos años del autógrafo, algo muy valioso en crítica textual ya que tiene mucho peso la cercanía en tiempo de la copia y el autógrafo), hay miles de manuscritos, que difieren ligeramente en algunas cosas (a pesar de que eso no afecta ninguna doctrina bíblica).
¿Quiere decir eso que no podemos confiar en nuestras Biblias?
¡Imposible!
En el caso del Antiguo Testamento: aunque los manuscritos hebreos que existen son recientes creemos que representan con precisión el texto básico de las Escrituras hebreas. Los escribas (y podemos decir que “tienen” ya que tradicionalmente se siguen haciendo a mano para congregaciones judías) eran entrenados y capacitados en un método de trabajo que garantizaba la precisión en su trabajo al transmitir las Escrituras. En Soferim, uno de los tratados del Talmud babilónico, en cuyos 21 capítulos se dan instrucciones precisas sobre la copia de MSS, se detallan los materiales que debían usarse, el tamaño de las columnas, de los espacios y de las letras; la forma de escribir los nombres de Dios, la ordenación de las letras y la reverencia con que debían tratarse los MSS de la Torah. No debía cambiarse ni una letra, aunque se supiera que era un error de ortografía. Ni una letra debía copiarse de memoria, para que no hubiera alguna posibilidad de error.
En el caso del Nuevo Testamento, aunque la primera iglesia no contaba con un método tan estricto de transmisión de los manuscritos, tenemos lo que se llama en crítica textual “testigos”, que es la mención de pasajes en comentarios, leccionarios o escritos de los primeros padres de la iglesia, permitiéndonos comparar con los manuscritos que se conservan del NT y así descartar las partes que se entiende tienen agregados, que no eran más que comentarios de los copistas en la mayoría de los casos.
Entonces, cuando hablamos de Biblia podemos hablar de “textos en el idioma original” o “textos fuentes” pero no podemos hablar de “originales” porque no los tenemos. Eso no representa ningún problema porque tampoco tenemos el original de ninguno de los textos antiguos que consideramos históricos (ni de los escritos de Homero o los apuntes filosóficos de Sócrates o los libros de Platón) y confiamos en ellos. La ciencia de la crítica textual nos ayuda a garantizar que estas copias de copias de copias son fieles a los autógrafos (documentos originales que ya no tenemos a mano).