Muchos quieren o pretenden que la Biblia responda a teorías cuánticas, agujeros negros, la existencia de los dinosaurios o, en un acercamiento más místico, saber si la guerra de Rusia y Ucrania tiene un espacio en las profecías de Jeremías o Ezequiel. Al mismo tiempo, están obsesionada con cómo se trataron a quienes traían teorías que parecían contradecir a la Biblia en el pasado (como el famoso, lamentable y fatídico juicio a Galileo Galilei).
Pero, ¿Qué es la Biblia?
¿Responde la Biblia a todas estas cosas?
Antes de explorar si la Biblia responde a estas interrogantes, es fundamental entender su verdadera naturaleza y cómo surgió.
El texto bíblico, lo que para quienes nos apegamos a una confesión de fe es la Palabra de Dios, es el texto sagrado de judíos y cristianos; es una colección de libros y cada uno de estos grupos comparten diferentes divisiones del mismo.
El Antiguo Testamento es una colección interesante de literatura:
Narrativa
- Como la que vemos en Génesis. cuando describe las complejas relaciones de la familia disfuncional de Jacob y cómo Dios transforma el mal /que un grupo de hermanos le hace a su hermano menor, en un bien para ellos.
Poesía
- Como la que vemos en Job o en los Salmos.
Filosofía
- Como las reflexiones antiguas pero no arcaicas de Eclesiastés, en donde alguien medita sobre sus tiempos y como todo termina en una cosa: “humo, todo es humo”.
Tiene política, sociología, y es uno de los documentos más antiguos
- Sobre culturas de las que tenemos muy poco conocimiento o material… y que su existencia ha sido probada fuera de la Biblia por la arqueología.
Los judíos le llaman TANAJ y tiene esta división:
Torah (תּוֹרָה) o Instrucción
- Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio
Nevi’im (נְבִיאִים) o los Profetas:
- Josué, Jueces, Samuel, Reyes, Isaías, Jeremías, Ezequiel y El Libro de los Doce (que agrupa a los 12 “profetas menores”: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías).
Ketuvim (כְּתוּבִים) o Escritos:
- Salmos, Proverbios, Job, Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés, Ester, Daniel, Esdras-Nehemías y Crónicas
Los cristianos llamamos al Tanaj Antiguo Testamento y los protestantes lo dividen de esta forma:
Pentateuco:
- Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio
Libros Históricos:
- Josué, Jueces, Rut, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester
Libros Poéticos:
- Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares
Profetas Mayores:
- Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel
Profetas Menores:
- Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías.
A estos, los católicos mantienen en sus Biblias los llamados “Deuterocanónicos” 1:
Tobías (o Tobit), Judit, Sabiduría, Eclesiástico (o Sirácida), Baruc, 1 y 2 Macabeos; las «adiciones griegas» al Libro de Ester (Ester 10:4 al 16:24); las «adiciones griegas» al Libro de Daniel; la Oración de Azarías (Daniel 3:24-50); el Himno de los tres jóvenes (Daniel 3:51-90); la Historia de Susana (Daniel 13) y la historia de Bel y el Dragón (Daniel 14).
Tanto católicos como protestantes incluimos en la Biblia lo que llamamos Nuevo Testamento.
Esa colección de libros tomó cientos de años en ser escrita, en tres idiomas diferentes (griego, arameo y diferentes etapas del hebreo, que es la lengua con la que se escribió la mayor parte), por diferentes personas, algunas de estas viviendo en épocas y regiones diferentes, con contextos sociales y costumbres muy distintas a las que tenemos hoy en día, pero a todas las unía algo en común: una experiencia con Dios o un impulso de parte de Dios a que hablaran o escribieran.
El Antiguo Testamento (AT) fue escrito principalmente en hebreo, con algunos capítulos (unos seis) en arameo. El hebreo es una lengua semítica al igual que el árabe, el amhárico, el siriaco y el acadio. Las lenguas semíticas se escriben de derecha a izquierda y son textos consonánticos, es decir, no tienen vocales. En el caso del hebreo, las vocales fueron añadidas entre los siglos VI y VIII d.C. para fijar la pronunciación. La colección de libros que conforman el AT se escribió aproximadamente entre los años 1250 y 450 a.C., aunque algunos eruditos sugieren un periodo más tardío, entre 800 y 330 a.C., y a diferencia de libros como el Corán, que tradicionalmente se atribuye a un solo autor (Mahoma), la Biblia tiene varios autores,
Los académicos no terminamos de ponernos de acuerdo en cómo se ‘cerró’ el canon del AT. Trataremos las diferentes teorías en otro post, pero de lo que sí estamos seguros es que fue un proceso orgánico, en el que los judíos fueron incluyendo los libros llamados de Moisés y luego los libros de profetas que jugaron un papel importante en su historia y cuyas profecías se cumplieron en su mayoría, junto a libros que tienen una connotación litúrgica (Salmos, por ejemplo). El mismo AT menciona otros libros que eran autoritativos en ciertas épocas de la historia, pero de los que ya no tenemos ninguna copia:
- “Las Palabras de Gad, el Vidente” (1 Cron 29:29)
- “Los Anales del Rey David” (1 Cron 27:24)
- “Las Palabras de Hozai” (2 Cron 33:19)
- “La Palabras de Jehú, Hijo de Jananí, que se preservan
(lit. fueron traídas [a tiempo]) por el Libro de los Reyes
de Israel” (2 Cron 20:34; referido en 2 Reyes 10:34)
- “Las Palabras de Natán, el Profeta” (1 Cron 29:29; 2 Cron 9:29)
- “Las Palabras de Ido, el Vidente” (2 Cron 12:15); cf. “Las Visiones de Ido, el Vidente” (2 Cron 9:29) y “Los Relatos del Profeta Ido” (2 Cron 13:22)
- “Las Palabras de Samuel, el Vidente” (1 Cron 29:29)
- “Las Palabras de Semaías, el Profeta” (2 Cron 12:15)
- “La Profecía de Ajías el Silonita” (2 Cron 9:29)
- «El Libro de los Anales” (Neh. 12:23; Ester 2:23)
- “El Libro de los Anales de los Reyes de Juda” (1 Reyes 14:29; 15:7,23; 22:46; 2 Reyes 8:23; 12:20; 14:18; 15:6, 36; 16:19; 20:20; 21:17, 25; 23:28; 24:5)
- El Libro de los Anales de los Reyes de Israel” (1 Reyes 14:19; 15:31; 16:5, 14, 20, 27; 22:39; 2 Reyes 1:18; 10:34; 13:8, |2; |4:15, 28; 15:11, 15, 21, 26, 31); cf. “Los Reportes sobre los Reyes de Israel” (2 Cron 33:18)
- “El Libro de las Palabras de Salomón” (1 Reyes 11:41)
- “El Libro de las Memorias” (Ester 6:1)
- “El Libro de las Batallas del Señor” (Núm. 21:14)
- “El Libro de Jaser” (Josué 10:13; 2 Samuel 1:18)
- «El Comentario del Libro de los Reyes” (2 Cron 24:27)
En cuanto al NT fue escrito en griego, y estas son las etapas de su formación:
- La Vida de Jesús de Nazaret (3 a.c. – 30 d.c.)
- Transmisión oral entre las comunidades cristianas (30-70 d.c.)
- Redacción de los escritos (53-95 d.c.)
Conforme el evangelio se fue expandiendo se hicieron nuevas traducciones, ya para el siglo 4-5 había traducciones a lenguas del norte de Europa y del norte de Africa, y con el nacimiento de la imprenta, la estandarización y edición de los textos para su publicación, surge el tema de la armonización y se añaden definitivamente capítulos y versículos a las Biblias. Los capítulos habían sido añadidos por primera vez antes de la imprenta por Stephen Langton, arzobispo Canterbury en el siglo 13, y los versículos fueron añadidos por Robert Estienne en 1551.
Con la Reforma surge la proliferación de traducciones vernáculas de la Biblia, y hasta el s. XX había básicamente un solo modo de traducir la Biblia: esto es formal (con un lenguaje usualmente elevado), pero cuando la Biblia se fue haciendo más accesible nos vimos en la necesidad de otros acercamientos. Hoy tenemos tres tipos de traducciones:
- De equivalencia formal, o simplemente “formales”.
- De equivalencia funcional, o simplemente “funcionales”.
- Dinámicas.
La traducción es lo que permite que la Palabra de Dios llegue a la gente, no es lo mismo leerla en otra lengua que leerla o verla o escucharla en la lengua de tu corazón.
Ah… entonces, ¿responde la Biblia a todas las preguntas que dijimos al principio que la gente tiene?
El interés de la Biblia no es darnos los detalles atómicos del universo, ni hablarnos del quinto o del décimo elemento, o decirnos cuáles son las capas geológicas de la tierra… no. La Biblia es un libro sobre cómo empezamos y QUIÉN nos dio origen, y es también un libro sobre CÓMO TERMINAREMOS, y quiénes somos Que es lo que hace que mucha gente que no está en una búsqueda espiritual sino en búsqueda de respuestas para esas cosas (y que Dios se las de) lo considere un libro retrógrada y que necesita actualización.
La Biblia no me dice que tengo aproximadamente 37 mil millones de células, ni que miles de millones de neuronas funcionan a todo con conexiones nerviosas para enviar mensajes al resto de mi cuerpo (de hecho: nadie en esa época sabía lo que era una célula o una neurona), pero la Biblia sí me dice que somos “maravillosamente complejos” (Salmos 139:14).
La Biblia no me da respuestas a la ecuación de que la Energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado, ni que la masa después de ser transformada en energía puede volver a tener la misma estructura que tenía antes (al menos en teoría)… pero Jesús transformó la energía en masa cuando alimentó con pan y peces a más de 5000 personas.
Las personas de la Biblia no conocían el complejo término psicológico del “subconsciente” sin embargo, la Biblia lo refleja en el concepto que tiene del corazón como el centro de las capacidades intelectuales, la voluntad y los deseos.
Como lo dijo un amigo hace años: “Si estás aburrido leyendo la Biblia, no estás leyendo la Biblia”
Es acercarnos a la Biblia entendiendo lo que es y no esperando ni deseando que sea lo que no es lo que nos ayuda a entenderla. Como bien decía Eugene Peterson, la Biblia nos invita a conocer:
“quien es Dios y qué está haciendo. Pero este es un lenguaje de cierta estirpe, no son palabras dirigidas a lo externo de nuestra vida como cuando escribimos una lista de compras, manuales de computación, gramática francesa y reglamentos deportivos. Estas palabras fueron escritas de forma directa o indirecta para hacer raíz dentro de nosotros, para tratar con nuestra alma, para formar una vida que tenga coherencia con el mundo que Dios creó, la salvación que Él determinó y la comunidad que Él ha reunido. Tal lenguaje invita y demanda ser leído…»